Ahora me arranco el corazón y lo estrujo un poquito.
Me siento un tanto desanimado; deseoso de juntar mis manos con las de alguien cercano a mi sucio cuerpo, ilusionado por encontrar alguien que limpie mi corazón y me llene de esperanzas, de miedos y de alegrías (que se van y vuelven). Me siento algo desesperado por encontrar nuevamente alguien que agarre mi cuerpo y se mezcle con él, esperando a que termine de usarlo para volver nuevamente a sentirme deseoso de lujuria-amor (que no se acaba con simples besos empapados de semen). Y me siento un poco esperanzado por encontrar al fin, despojándome de mis sentimientos que me ahogan en la tierra, alguien que me acoja en su piel no por un ratito, si no que por siempre; sintiendo cada momento como si no fuera a desfallecer al otro día.
Intento respirar algo de aire en un lugar distinto, en una atmósfera tranquilizadora, que me hace recordar mis momentos de cigarros y café en mi cama, escuchando Mojave 3 con sus melodías lentas y líricas acorde al sentir, acorde al pasar las imágenes en mi mente, pegadas a la ambición de mi sexo-corazón que no acaban de matarme, diciéndome que nos busque entre la niebla. Puedo respirar un nuevo aroma a vida, a anhelo por devastar el lugar buscando alguien que me tape el corazón a gritos susurrados en el oído, en mi cuello, en mi pecho y en mi obscenidad. Que me quite la ropa a mordiscos encontrando el lujurioso regalo debajo de mis costillas, resguardado por los huesos que no dejan pasar el momento ni el segundo, si no que se desgastan con el tiempo guardándose para el final, como un dulce caramelo con un relleno rojo, que saborea la felicidad.
Encuentro personajes escondidos en cuerpos, encuentro papeles falsos que algún día el tiempo destapará, y me alejo de ellos. Me encuentro con máscaras de varios colores, de varios estilos y de varias formas (las más raras son las más trágicas), que al final no me llenan ni sus palabras, ni sus gestos, ni sus invitaciones a disfrutar el paraíso del éxtasis, a consumir su pedazo-de-droga escondida tras ese bolsillo-cierre que se soba al hablarme de temas incoherentes, pensándome desnudo en su cama, imaginándome gastado y lechoso en sus sábanas, penetrándome sentimientos triviales que se esfuman cuando el sol sale por la mañana; ni si quiera el hecho de haberme excitado me provoca entregarle mi deseo de encuentro, mi diminuto-fuerte deseo de encontrarme con ese 'aquel'.
Me siento en una banca en aquel parque que me vio inhalar tantas veces su polvo mañanero después del baile extremo del rock pop que nos esconde en la noche. Me siento y comienzo a escuchar música mirando el extraño paisaje que se torna imágenes del recuerdo; se vuelve un día más en mi vida. De repente, aparece una persona a mi lado, mirando el mismo escenario de autos pasando rápidamente y de árboles que dejan caer sus hojas sobre nosotros; se posa sobre mis recuerdos y sobre mi banquita, y comienza a hablarme. Escucho a ese inesperado personaje que empieza a contarme sus aventuras de púber, sus esperanzas de adolescente y su coqueteo continuo pegado al entre líneas. Yo, le sigo el juego que me tiene babeando por sus labios y por su elocuencia, salivando por sus ojos y su mirada, y su rostro y su cuerpo, y alcanzo a ver su corazón en sus palabras, y caigo. Me encuentro desesperado por el momento, por ese agobiar de sensaciones trágicas, por ese inundar de pensamientos sórdidos, malévolos e hirientes, y no hacia él, si no que hacia mi. Intentando olvidarme por un segundo de aquellos miedos que envuelven mis manos, trato de mirarlo fijamente y de escuchar sus tiernas palabras, su coherencia y su flirteo escondido en su lengua, y sigo cayendo.
Decido tomar las cosas con calma, decido no apresurarme para no equivocarme como con los cientos de personajes que he sustentado antes, con las cientas de máscaras que he debido romper para experimentar el placer de sentir-me lleno. Ahora estoy haciendo lo correcto, y prefiero dejar ciertas cosas al tiempo, tomarle la mano al tiempo e ir junto a él en un viaje de conocer, de ver y de doler, mientras me entremezclo con su piel.
Monday, August 14
Destino: Felicidad (Parte I)
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Apocalypso
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Sunday, August 13
Encender de dos corazones
Me encontraba bajo el viento invernal, cegado por tus ojos y por las luces de la noche; el cielo me reflejaba el tierno encender de las bombillas, y me gritaban, me escondían y me ayudaban a continuar mirando tus bellos ojos. Me encontraba en silencio bajo la atmósfera en la que me envolvías cuando de repente tus labios húmedos sucumbieron al cambio de palabras (de las buenas a las malas). En realidad, no sé cómo llegamos a esa conversación que teníamos escondida hace mucho tiempo en nosotros, y ahora, justamente, decide salir a ver las luces de la noche para inundar mis mejillas de lagrimas y mi cuerpo de un frío fatal. No me molestaba el hecho de que salieran a tomar aire, a respirar o a gritarnos en la cara que estábamos deseosos el uno del otro, sin embargo sabíamos que aún no era el momento para decirlas, sabías que podíamos perdernos y dejarnos de lado frente al oleaje promiscuo de 'el deseo' soltero.
Pasaron algunos segundos después de haberme dicho tales palabras. Yo tragándome tus labios de pendejo enceguecido por la pasión; yo encontrándome bajo la anestesia de poder alcanzar una vez más, y una vez más y por otra vez más, el maldito e incorrupto apetito ilegal. Yo, y las mil posibilidades ante mis ojos gastados de tanto mirar el escenario que me encerraba en tus brazos. Seguí pensando mientras tu me decías que no era necesario responder ahora, que a lo mejor habías apresurado las cosas, que quizás tu ambición-sexual (que yo ya conocía) se volvió en contra tuya, o que podría ser que... Cuando te cachetee con mis palabras, diciéndote que te callaras, que me dejaras involucrarme con mis pensamientos y con mi corazón, que para qué tanto mal gastar diciéndome que me deseas y que me quieres por un rato si después te vas a arrepentir.
Tus pequeños ojos azules se tornaron más claros, más agudos y más tristes. Tu boca dejo esa sonrisa esperanzadora para volverse un símbolo de ternura-entristecida. Y sentí como poco a poco te alejabas de mi, cómo poco a poco te apagabas dejándome ahí solo, bajo las luces que se apagaban para mi, que me dejaban de mirar con sus ilusiones que guardaban sobre ti. Te ibas y me dejabas ahí, con un vacío infernal, lleno de angustias y preguntas. Me corriste la cara y me dijiste que era mejor dejarlo de esa forma. Yo me percate de todos tus movimientos y cómo sentías al hacerlos; y el alejarse no era más que un juego para atraerme, para llevarme a tus brazos entumidos por el frío de la noche. Y yo, ingenuo, caí.
Me deje guiar por ese poder que no te deja detenerte, por mi corazón que, en ese momento, explotaba de amor, sin embargo no distinguía entre algo verdadero o irreal. Sólo necesitaba sentirlo en mis brazos y poder consolarlo para no verlo más ahogado en su propia realidad. Lo abracé y sentí cada pequeña e ínfima vibración en su cuerpo, pude verlo realmente a través de sus ojos cuando se dio vuelta y me miro directo al corazón, y yo lo mire al corazón también. Y los dos caímos en nuestra treta. Cómo si nos estuviéramos enamorando de a poco; cómo si nos estuviéramos conociendo para llegar a abrazarlo aún diez años después.
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Apocalypso
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Wednesday, August 9
Ilusiones en la realidad
A veces pienso que me voy a volver loco, y quizás sea por el hecho de que pienso demasiado, y no en cosas con coherencia o sentido alguno, si no que son imágenes totalmente dispersas en un universo-mental en donde se juntan para crear una realidad incoherente, que es mi realidad. Y hoy creo que mi cabeza va a explotar de ideas, y quizás no sean ideas si no que sólo pensamientos o quizás imágenes, una tras otra, unos tras otros, que llegan y se van y ni siquiera alcanzo a verlos o a leerlos, es algo casi indescriptible porque me siento demasiado acelerado y los dedos se me enfrian y calientan a medida que tecleo, y el color de la pantalla me confunde con el color de la luz de mi pieza y el del teclado negro; el tintineo de la lucesita de la television y el sonido de la impresora, adjunto al sonido del tecleo y de la barra de espacio que es la que hace más ruido.
A veces pienso y creo y no a veces, si no que siempre y, afirmo; me estoy acelerando demasiado y creo que tendré que parar en algun momento. Este momento debe ser perfecto, ya es tarde y si no me acuesto ahora creo que mañana llegaré tarde al Instituto como me paso hoy dia que me desperte tarde porque me acoste tarde entonces, además de por la lluvia y el frio y el sueño, era el cansancio de estar tan poco tiempo en la cama y tanto tiempo en la realidad.
Mejor me voy a ese mundo de sueños donde no tengo que escribir cada palabra que se me venga a la cabeza y realizar imágenes junto a ellas, si no el mundo donde tengo que descansar mientras mis ideas pasan y pasan y corren y corren y juegan juntas unas con otras como amigas/enemigas que se aman/odian, que se tocan y no se tocan y se niegan a si mismas y se conocen y luego se hacen las tontas, y luego se transforman en cínicas y al final terminan matandose, para dar a luz a nuevas y más y más y más... hasta que despierto.
Y ahí. El mundo vuelve a empezar.
A veces pienso que me voy a volver loco, y que esta cama blanca junto a mi escritorio blanco, junto al doctor de bata blanca que sostiene una jeringa, no es más que una ilusión.
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Apocalypso
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